Bienvenidos a esta nueva aventura

Mi vida entre continentes

Hace tres años cuando llegué a Italia, con mi acento chocoano inconfundible, un par de sueños arrugados en la maleta y cero ideas de cómo funcionaba la vida aquí, jamás imaginé que terminaría abriendo un blog.

Pero la vida es así: impredecible, caótica, deliciosamente sorprendente.

DE QUIBDÓ PAL’ RESTO DEL MUNDO, En realidad a una pequeña ciudad del norte de Italia

Quibdoseña, nacida y criada en el calor del pacifico Colombiano, donde el manjar al desayuno son las tajadas de plátano con queso frito, (del salado como me gusta a mí), tierra de personas cálidas alegres, llenas de resiliencia y una profunda devoción a nuestro santo más adorado San Francisco de Asís, Crecí acostumbrada a saludar a todas las personas de mi entorno, de manera educada, genuina, Escuchando música con alto volumen en el barrio, jugando en el patio de la casa, bañando en el aguacero que era demasiado refrescante después de una tarde de calor intenso.

Italia, me recibió con sus paisajes realmente bellísimos, trenes puntuales (bueno, casi siempre), con sus calles todas en perfectas condiciones, delineadas correctamente y con todas las señalizaciones de tránsito, con un idioma que al principio era como música para mis oídos, aunque sí comprendía poco de lo que decían.

Entre estas y tantas otras diferencias, entendí que no podía sencillamente mezclarme entre los demás y transformarme, debía absolutamente conservar mi esencia, preservar mi identidad, encontrar la mejor versión de mi misma, manteniendo mi autenticidad y sacando pecho de mi origen pueblero.

¿El amor estaba en los planes?

En realidad, si, quería enamorarme, perder la cabeza, vivir un amor hermoso, maravilloso donde todo fuera felicidad, ¿pero quien le vendió está fantasía a mi mente? ¿Quién me enseñó a romantizar el amor de esta manera?  El amor es un laboratorio diario de paciencia, humor y descubrimiento. Sí que habrán artículos sobre eso, porque créanme: material no falta.

La pasta cambió mi forma de ver la comida!

Antes de mudarme, la pasta honestamente no me gustaba para nada, no hacía parte de mis platos favoritos, si no de los no deseados, pienso que en parte porque al menos en mi casa en Quibdò no éramos los mejores a prepararla, teníamos otras especialidades y platos donde sin temor a equivocarme éramos los mejores.

Ahora en cambio la pasta es un ritual, una especialidad, aprendí a realizar la carbonara incluso mucho mejor de quien me la enseñó a preparar, hoy en día puedo decir que mi Carbonara es mucho mejor que la que he probado en tantos restaurantes italianos, sin incluir los restaurantes de Roma, claramente,  allá el sabor es a otro nivel.

He aprendido recetas, trucos, supersticiones culinarias y secretos que solo las abuelas revelan bajo juramento. Y quiero compartirlos, porque si yo pude aprender a hacer una carbonara mucho más que decente, ósea espectacular, ustedes también pueden aprender.

Y luego están los papeles… esos papeles

Ah, los documentos. El famoso permiso de soggiorno. Las citas que no llegan. Los trámites eternos. Las leyes que cambian, todo ese universo burocrático que nadie te explica antes de emigrar, Aquí también hablaré de eso: de los pasos, los errores, los miedos, las soluciones y los pequeños triunfos que celebramos como si ganáramos un mundial.

Si mi experiencia puede ayudar a alguien, aunque sea a respirar hondo, ya habrá valido la pena.

¿Qué vas a encontrar en este blog?

  • Historias reales de mi vida en Italia
  • Anécdotas divertidas (y otras no tanto)
  • Consejos prácticos sobre trámites y documentos
  • Recetas italianas explicadas “a prueba de extranjeros”
  • Curiosidades culturales que me han sorprendido
  • Viajes y rincones especiales de Italia
  • Historias gatunas

Bienvenidos a mi vida en construcción

Este blog es mi manera de ordenar lo que vivo, de compartir lo aprendido y de no sentirme tan lejos de casa, Es un puente entre continentes, una conversación abierta y un abrazo para quien esté empezando su propia aventura migratoria.

Gracias por leerme.
Ojalá te quedes, porque esto apenas empieza.

Con cariño,
una quibdoseña que aprendió a decir “ciao” sin sentirse extraña.